dimarts, 10 de març de 2009

Polítics cagons

Fa més de 30 anys que aquest país (Catalunya) va recuperar la democràcia i encara continua sense Llei Electoral pròpia ni Llei de Consultes Populars i tot per la por dels nostres dirigents a cedir quota de poder dels partits polítics cap al poble. Aquí us transcric una interessant reflexió de la M. Dolores Garcia a La Vanguardia.


La noche electoral del 16 de noviembre del 2003 tuvo un regusto agridulce para Pasqual Maragall. No logró rebasar en votos a CiU, pero le salían las cuentas. La izquierda sumaba 74 escaños y sus opciones de ser president eran firmes. Ya desde los comicios de 1999 Maragall se obsesionó en cambiar una ley electoral que propiciaba una revalorización de los votos de la Catalunya interior, donde CiU era preeminente, frente a los del área metropolitana, más proclives a los socialistas. Cambiar la ley electoral, o mejor, redactar una propia -la vigente es la mera traslación de la española- se convirtió en una de sus promesas más reiteradas en los primeros tiempos de su presidencia, aunque luego los avatares del Estatut la dejaron en segundo plano.

Seis años después de mandato de las izquierdas, la ley electoral ha quedado en un cajón. Y ahí parece que se va a quedar, al menos en esta legislatura, pese al compromiso renovado por Montilla de aprobarla. Es curioso que en un país que reivindica sin cesar el ejercicio del autogobierno se olvide de que tiene en sus manos la capacidad de dotarse de una regla básica de funcionamiento político. De hecho, la desprecia.

Al principio, los partidos catalanes, conscientes de la complejidad de llegar a un acuerdo, encargaron a una comisión de expertos que elaborara un informe. El resultado pareció complacer más o menos a todos. Yno fue sencillo, ya que enseguida cogieron la calculadora para averiguar cuántos escaños les tocaría con un nuevo sistema. Tan bien encarada parecía la cosa que existe incluso un borrador articulado de la ley. Vamos, sólo queda votarla.

Pero el interés en su aprobación es nulo. Dos puntos enardecen a los partidos, sobre todo a los grandes (CiU y PSC), aunque ninguno lo reconozca en público. El primer escollo es que los expertos han previsto un sistema de listas semiabiertas, es decir, que el elector podrá elegir no sólo unas siglas, sino que colocará una cruz junto a los nombres que prefiera, saltándose el orden que ha establecido el partido. Y eso, es evidente, menoscaba el poder de los aparatos.

El segundo problema reside en el apartado que la ley dedica a la financiación, ya que cada candidatura deberá presentar un presupuesto de campaña, con una cuenta corriente única. Sólo de esa cuenta podrá salir dinero para la campaña y a ella sólo podrán llegar donaciones que cumplan unos requisitos. Y eso tampoco es del agrado de los partidos.

Se acerca la campaña de las europeas. Es muy probable que la participación sea irrisoria. Los dirigentes volverán a lamentar el escaso interés ciudadano por la política. Y alguna conselleria encargará nuevos estudios para conocer las causas de ese mal bautizado como desafección. ¿Tanto miedo les da que marquemos una cruz junto a sus nombres?

M. Dolores Garcia a La Vanguardia 10/03/2009

1 comentari :

Oscar 7m76 ha dit...

És molt difícil que un trampós canviï les regles del joc on juga. Per por o senzillament per tontet, però és difícil.